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Depósitos bancarios, tipos y características

 

Estos son los depósitos bancarios que existen, ¡descubre cuál te interesa!

Si bien es cierto que los depósitos bancarios pueden parecer similares, la verdad es que presentan diferencias más que considerables entre ellos. Tanto es así que en determinados casos se pueden llegar a considerar productos financieros completamente diferentes. Lo primero que hay que comprobar antes de contratar un depósito es la garantía que este ofrece sobre el capital aportado. Veamos pues los tipos de depósitos que existen.

 

Depósitos bancarios a la vista

Son conocidos también como cuentas remuneradas, y constituyen el tipo de depósito más líquido, al poder disponer del capital en cualquier momento y sin tener que pagar ninguna penalización.

Lo habitual es que los intereses se generen y entreguen de forma mensual, y generalmente estas cuentas remuneradas cuentan con una operativa bastante limitada, ya que no admiten ningún tipo de domiciliación.

 

Depósitos a plazo fijo

Los depósitos plazo fijo son el depósito más tradicional, y que todo el mundo conoce. Su duración puede ser de tan solo días o semanas, o prolongarse por años. Se suele establecer unos límites mínimos y máximos del capital que se puede aportar para contratar el depósito.

Después de contratar el depósito normalmente no se puede ampliar el capital, siendo necesaria la contratación de uno nuevo. El dinero queda inmovilizado durante la duración del contrato, pero salvo que se acuerde lo contrario, se podrá cancelar anticipadamente el depósito, aunque esto suele suponer una sanción.

 

Depósitos con remuneración en especie

Estos depósitos tienen igual consideración que los depósitos a plazo fijo, salvo en que la remuneración que consigue el cliente es en forma de “regalo”. Puede tratarse de un producto o un servicio, por ello se habla de remuneración en especie.

 

Depósitos a interés variable

Tal como se desprende de su propio nombre, estos depósitos tienen una remuneración variable, que suele estar vinculada a la evolución de un cierto índice bursátil. Lo más frecuente es que se tome el Euribor como referencia.

A través de este tipo de depósito se está logrando acercar a los consumidores más hacia un producto de inversión que hacia un producto de ahorro, si bien para eso también existen los depósitos de los que hablaremos a continuación.

 
Depósitos bancarios
 

Depósitos estructurados y combinados

En último lugar están estos depósitos, que son los más complejos y a su vez los más desconocidos para los consumidores. Es cierto que por sus características parece más un producto de inversión que no de ahorro. No obstante, las entidades financieras están intentando impulsar su contratación por parte del perfil de los clientes ahorradores.

Parte importante de la rentabilidad de estos depósitos se vincula a la evolución de algunos activos bursátiles, que pasan a ser los “activos subyacentes” del depósito mismo. Suele establecerse un breve periodo a lo largo del cual la rentabilidad que se ofrece responde a un tipo fijo de interés. Pero una vez que ha pasado ya esa primera fase, al depósito le espera una larga trayectoria completamente sujeto a la evolución de los mercados.

 

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